Frondosos bosques y escarpados valles
Si de algo puede presumir Jacetania es de riqueza natural. El río Aragón vertebra un territorio de profundos valles y altos picos en el norte, como el Collarada (2.886 m.), y extensas llanuras de cereal en el sur. Así pues, es una comarca que se articula alrededor del cauce del río Aragón.
El Parque Natural de los Valles Occidentales acoge en él icónicas e históricas cumbres como el Bisaurín (2.670 m.), Los Aspes (2.643 m.) o La Mesa de los Tres Reyes (2.428 m.). Abundan en este espacio los bosques de hayas y abetos, como la colorida Selva de Oza o el bosque de Gamueta.
En estos frondosos y abundantes bosques es fácil sentir la magia de la que hablan las leyendas jacetanas. La variedad de flora da lugar a una igualmente variada fauna, con más de 1.200 especies habitando en estos valles (de las cuales, 232 son catalogadas como “especies raras”). Esta biodiversidad se traduce en la declaración del parque como zona Lugar de Importancia Comunitaria y Zona de Especial Protección para las Aves.
Dejemos las cumbres, descendamos los valles dirección sur. El río Veral cincela la tierra y la roca a la altura de Fago y Biniés, formando barrancos, foces y flysch que hacen merecer a esta zona la declaración de Paisaje Protegido.
Una vez superadas las foces de Fago y Biniés, nos topamos con la ribera cereal del río Aragón. Extensas llanuras que nos permiten admirar el paisaje montañoso que dejamos atrás, y apreciar el Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, que queda delante. Un paisaje de serranía que esconde verdaderas joyas, como el monasterio de San Juan de la Peña, la iglesia de Santa Cruz de la Serós o la peña Oroel.
De camino al oeste, hacia Navarra, nos encontramos con la Alta Zaragoza, partida en dos por el río Aragón antes de formar el embalse de Yesa: un bello enclave de aguas azules y tranquilas playas.